peace-of-mind-La meditación nos sirve en el momento que estamos meditando para dejar de arrastrarnos por las historias mentales que justifican nuestra huida de la verdadera visión. Pero con la práctica extendemos este efecto en la vida cotidiana, de tal manera que supone un entrenamiento para atendernos interiormente y mirar lo que antes no queríamos ver. Así, dejamos de resistirnos a la vida y con ello conseguimos estar más conectados (o totalmente conectados) con nuestra sabiduría interna, nuestra esencia, maestro interno, como lo queramos nombrar.

En esa conexión ya no nos sentimos separados de la vida, somos la vida, hay un fluir en el que confiamos plenamente, ya no malgastamos energía en resistirnos a ese fluir. La meditación nos entrena para observarnos cuando volvemos a resistirnos, para simplemente, darnos cuenta, y entonces sin más lucha contra todos los pensamientos y razonamientos, observándolos pero al mismo tiempo soltando, volver a ser Vida.

 Este cultivo de la capacidad de estar presentes y conscientes nos lleva a poder observarnos desde otro punto en la vida cotidiana. Así, nos puede ayudar en la transmutación de la emoción en pura energía, es decir, vivir la emoción sin etiquetar, sin juicio. De esta manera se convierte en energía pura, que ya no consideramos ni buena ni mala, simplemente es. La observación o ser testigos de estas emociones, pensamientos, sentimientos etc. tal como son, nos conduce a la liberación de todas las interpretaciones mentales que hacemos normalmente de ellos. Y entonces se ve como energía pura de conciencia.

En general, cuando sentimos una emoción y la etiquetamos como desagradable, tenemos una tendencia a huir de ella. En esta huida luchamos contra la vida, hay una resistencia a lo que ES, creemos en el pensamiento que interpreta y juzga, que nos está dando infinidad de razones para sentir miedo, angustia, ira, tristeza, culpa, etc. Ahí nos centramos en la historia y evitamos mirar hacia adentro. Si retiras la atención del razonamiento de por qué sientes miedo y nos centramos en el miedo mismo, dejamos de resistirnos. Le quitamos la etiqueta y lo vemos como simple energía. En lugar de intentar liberarnos de esa emoción, empezamos a utilizarla como energía. Normalmente llevamos nuestra atención de un lado a otro pero enfocando en el exterior. Llevar la atención hacia nuestro interior requiere de práctica.

Para eso nos sirve la meditación: supone un entrenamiento en mirar hacia el interior, en observarnos. Y por ello es tan importante una práctica diaria constante, con compromiso, con compasión, con mucha paciencia para ir soltando las expectativas de lo que queremos conseguir, simplemente observando lo que va sucediendo en nuestro interior sin etiquetar como una buena o como una mala experiencia. Observamos las etiquetas cuando juzgamos, observamos si me siento mal al darme cuenta de que me he identificado con un juicio, observamos si me siento bien cuando he etiquetado una meditación como buena, observamos el dolor físico, el dolor emocional, y poco a poco iremos soltando todos esos obstáculos que nos impiden ser-dar lo que somos. Esos obstáculos realmente no existen, son nuestros pensamientos, creemos tener unos grandes diques de contención de amor que nos hacen sentirnos separados de nuestra esencia. Esta creencia en la separación nos produce miedo y vacío y buscamos fuera algo que nos calme, nos sentimos perdidos y huimos de lo que nos recuerda esa imaginaria separación; cuando nos atrevemos a mirar esos diques simplemente se desvanecen y vemos que todo el amor que buscábamos fuera es lo que somos y lo dejamos fluir extendiéndose y ayudando a los demás a recordar esa Unidad.

 Rosario Pérez

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